¿Cuál es el origen del antisemitismo?

FUENTE: ENCICLOPEDIA DEL HOLOCAUSTO

Una tarjeta postal antisemita bretona contra la República: La República está representada por una mujer horrorosa de nariz ganchuda (una judía), y unos políticos profanan el cadáver de Cristo ante unos paisanos bretones indignados. FUENTE: Proyecto Clío http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/antisemitismo.htm

Una tarjeta postal antisemita bretona contra la República: La República está representada por una mujer horrorosa de nariz ganchuda (una judía), y unos políticos profanan el cadáver de Cristo ante unos paisanos bretones indignados. FUENTE: Proyecto Clío http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/antisemitismo.htm

A veces llamado “el odio más prolongado”, el antisemitismo ha persistido en muchas formas durante más de dos mil años. El antisemitismo racial de los nacional socialistas (nazis) llevó el odio a los judíos a un extremo genocida, si bien el Holocausto comenzó con palabras e ideas: estereotipos, dibujos animados siniestros y la propagación gradual del odio.

En el primer milenio, el cristianismo desarrolló como doctrina que todos los judíos eran responsables de la crucifixión de Cristo y la destrucción del Templo por parte de los romanos. La dispersión del pueblo judío era un castigo tanto por transgresiones pasadas como por su permanente rechazo a abandonar su fe y aceptar la cristiandad.

En los siglos X y XI, estas doctrinas se endurecieron y unificaron en parte debido a la amenaza que constituía la inminente separación entre el catolicismo romano y la ortodoxia griega (1054); las sucesivas oleadas de conquista musulmana; el fervor del fin del milenio; los triunfos en la conversión de grupos étnicos paganos del norte de Europa y el afán militar y espiritual de las Cruzadas.

Por su parte, en busca de conservar sus creencias y cultura, los judíos se convirtieron en los defensores de la única religión minoritaria en el entonces cristiano continente europeo. En algunos países, los judíos eran bienvenidos de vez en cuando, pero, en un momento en el cual la fe se consideraba la principal forma de identidad propia e influía intensamente tanto en la vida pública como en la privada, los judíos se vieron cada vez más aislados. Los judíos no comparten la creencia cristiana de que Jesús es el Hijo de Dios, y muchos cristianos consideraban esta negación como arrogante. Durante siglos la Iglesia enseñó que los judíos eran los responsables de la muerte de Jesús, sin reconocer que Jesús fue ejecutado por el gobierno romano porque los funcionarios lo consideraban una amenaza política a su gobierno. Como forasteros, los judíos fueron objetos de una violenta estereotipia y sujetos a la violencia contra sus personas y propiedades.

Entre los mitos sobre los judíos que se arraigaron en este período estaba la “calumnia del crimen ritual”, un mito de que los judíos usaban la sangre de niños cristianos con fines rituales. Otros mitos sostenían que el rechazo de los judíos a convertirse al cristianismo era una señal de servicio al anticristo y una deslealtad innata a la civilización europea (y cristiana). Por el contrario, la conversión de judíos individuales se consideraba poco sincera y con motivos materialistas.

Esto preparó el terreno para construir una superestructura de odio. El antisemitismo teológico alcanzó su auge en la Edad Media. Entre las manifestaciones de antisemitismo más comunes se encuentran lo que ahora llamamos pogroms (ataques contra los judíos por parte de residentes locales, y frecuentemente alentados por las autoridades). A menudo eran incitados por rumores de crímenes rituales. En momentos de desesperación, los judíos se convertían en el chivo expiatorio de muchas catástrofes naturales. Por ejemplo, algunos clérigos predicaron que los judíos trajeron la “Peste Negra”, la plaga que mató a millones de personas en Europa en el siglo XIV, como retribución a sus supuestas prácticas blasfemas y satánicas.

EL ANTISEMITISMO EN LA HISTORIA: LOS ALBORES DE LA ERA MODERNA, 1300 A 1800

Especialmente después de la Ilustración del siglo XIX, el antisemitismo cambió en formas que reflejaban las nuevas realidades culturales, intelectuales y políticas. Durante los primeros siglos de la era moderna en Europa, se invitó a los judíos a establecerse en Europa central y oriental con ciertos permisos y protecciones así como restricciones sobre la residencia y ocupación.

Bajo la “protección” de los gobernantes, se permitió y alentó a los judíos a realizar tareas administrativas y comerciales que las clases gobernantes no tenían el deseo de realizar. Se permitió a los judíos participar en actividades de comercio, abastecimiento, fabricación, finanzas, artesanías y las profesiones libres, como el arte, la música, la literatura, el teatro y, a medida que se desarrollaba, el periodismo. También se les permitió trabajar como administradores en bienes raíces y recaudadores de impuestos. Dado que la Iglesia Católica y la Ortodoxa prohibían la usura (préstamo de dinero en el que se cobra un interés) y generalmente menospreciaban las prácticas comerciales considerándolas inmorales, los judíos vinieron a cumplir la función vital (pero mal mirada) de prestamistas para la mayoría cristiana. A una pequeña minoría de personas y familias judías les fue muy bien y por lo tanto eran conspicuos. La mayoría de los judíos se ocupó en el comercio y la producción de artesanías para el mercado local y a menudo eran tan pobres como los campesinos entre los que vivían.

Por otra parte, en Europa central y oriental se prohibía que los colonos judíos fueran propietarios de tierra, se desempeñaran como oficiales del ejército y ocuparan cargos en el servicio estatal a menos que se convirtieran al cristianismo. Entre los siglos XVI y XVIII, los gobernantes absolutistas consolidaron los estados modernos  y en el siglo XIX, la lealtad a una nación competía cada vez más con el credo religioso como un marcador de identidad fundamental. Por todo lo dicho, los judíos, que aún soportaban las restricciones antes mencionadas, no se asociaron en la mente popular con las profesiones más “nobles” de la era moderna: terratenientes, servicio militar y servicio estatal.

Ya en el siglo XIX, los sindicatos de Europa central y oriental negaban cada vez más la afiliación a artesanos judíos (a menos que se convirtieran), por lo que éstos se vieron obligados a dejar los oficios. Esto alimentó otra serie de estereotipos:

1) los judíos no trabajaban arduamente o no producían artículos con las manos;

2) los judíos optaban por trabajar con dinero y comerciar mercancías que no producían debido a sus habilidades, su codicia y su deseo de manipular y engañar a los cristianos;

3) los judíos eran cobardes en una lucha justa y evitaban el servicio militar;

4) los judíos preferían el entretenimiento frívolo y sin sentido al trabajo duro y creativo; y

5) los judíos eran falsos y posiblemente desleales al convertirse al cristianismo para obtener beneficios materiales.

EL ANTISEMITISMO EN LA HISTORIA: LA ERA DEL NACIONALISMO, 1800 A 1918

“El espíritu judío socava la salud del pueblo germano”, cartel de la segunda mitad del siglo XIX en Alemania.

“El espíritu judío socava la salud del pueblo germano”, cartel de la segunda mitad del siglo XIX en Alemania.

Durante más de un siglo, -comenzando en el siglo XVIII con Gran Bretaña y culminando con la Revolución Bolchevique en Rusia y el colapso del Imperio Otomano en los Balcanes-, las naciones europeas establecieron en constituciones el principio de igualdad bajo la ley y destituyeron todas las restricciones sobre la residencia y las actividades ocupacionales de los judíos y otras minorías nacionales y religiosas. Al mismo tiempo, las sociedades de Europa sufrieron un rápido cambio económico y desarticulación social. La emancipación de los judíos les permitió vivir y trabajar entre personas que no eran judías, pero los expuso a una nueva forma de antisemitismo político. Esta discriminación era laica, social e influenciada por consideraciones económicas, aunque a menudo reforzó y fue reforzada por los estereotipos religiosos tradicionales.

Como dijimos arriba, las leyes les permitieron ser propietarios de tierra, ingresar en la administración pública y desempeñarse como oficiales en las fuerzas armadas nacionales. Esta situación creó la impresión en algunas personas -particularmente aquellas que se sentían olvidadas, traumatizadas por el cambio o incapaces de lograr satisfacción ocupacional y seguridad económica de acuerdo con sus expectativas- de que los judíos estaban desplazando a los no judíos de las profesiones tradicionalmente reservadas para los cristianos. También algunos creían que los judíos tenían una representación excesiva en las profesiones mejor consideradas: finanzas, banca, comercio, industria, medicina, ley, periodismo, arte, música, literatura y teatro.

La desaparición de las restricciones sobre el activismo político y la ampliación del derecho de voto sobre la base de la ciudadanía alentó una mayor participación política de los judíos. Si bien participaban activamente en todo el espectro político, los judíos eran más visibles entre los partidos políticos liberales, radicales y marxistas (socialdemócrata), que eran considerados revolucionarios o reformistas.

Pero, por otro lado, la introducción de la educación obligatoria y la ampliación del derecho de voto hacia el sufragio universal también engendraron el desarrollo de partidos políticos antisemitas y permitieron a los partidos existentes hacer uso de un discurso antisemita para obtener votos. Las publicaciones como los Protocolos de los Sabios de Sión, que apareció por primera vez en 1905 en Rusia, generaron o respaldaron teorías de que existía una conspiración judía internacional.

A medida que el credo religioso se fundió en la cultura política europea a través de la identidad nacional y el sentimiento nacionalista, una nueva serie de estereotipos que reforzaban y eran reforzados por antiguos prejuicios, avivaron la política antisemita:

1) al disfrutar los beneficios de la ciudadanía, los judíos eran no obstante secretamente desleales, su “conversión” sólo tenía como fin obtener beneficios materiales;

2) los judíos desplazaban a los no judíos en actividades y profesiones tradicionalmente “nobles” (posesión de tierras, el cuerpo del ejército, la administración pública, la profesión de maestro, las universidades), mientras que en forma “exclusivista” impedían el ingreso de no judíos a las profesiones que controlaban y que representaban la prosperidad futura de la nación (por ejemplo, la industria, el comercio, las finanzas y la industria del entretenimiento);

3) los judíos hacían uso de su desmedido control sobre los medios para engañar a la “nación” acerca de sus verdaderos intereses y bienestar social; y

4) los judíos habían asumido la dirigencia del movimiento social democrático, y posteriormente, el movimiento comunista a fin de aniquilar los valores de la clase media de la nación, la religión y la propiedad privada.

Que estos prejuicios guardaran poca relación con las realidades políticas, sociales y económicas de cualquier país europeo no importaba a aquellos que se veían atraídos a su expresión política.

EL ANTISEMITISMO EN LA HISTORIA: ANTISEMITISMO RACIAL, 1875 A 1945

Exposição_ciencia,raca, literatura e sociedadeCon el avance del conocimiento científico y el progreso tecnológico del último tercio del siglo XIX, especialmente en el ámbito de la biología humana, la psicología, la genética y la evolución, algunos intelectuales y políticos desarrollaron una percepción racista de los judíos. Esta percepción se desarrolló dentro de una perspectiva racista más amplia del mundo basada en nociones de “desigualdad” de “razas” y la supuesta “superioridad” de la “raza blanca” sobre las otras “razas”.

La creencia de la superioridad de la “raza blanca” se inspiró y reforzó por el contacto de los colonos-conquistadores europeos con las poblaciones nativas de América, Asia y África, y se afianzó como seudociencia por una tergiversación de la teoría de la evolución conocida como “darwinismo social”. Esta teoría postulaba que los seres humanos no eran una sola especie sino que estaban divididos en varias “razas” diferentes que estaban impulsadas biológicamente a luchar entre sí por espacio para vivir a fin de asegurar su supervivencia. Sólo las “razas” con cualidades superiores podrían ganar esta eterna batalla que se materializaba por la fuerza y la guerra. El darwinismo social siempre ha sido el producto de ciencia falaz: hasta el día de hoy, a pesar de un siglo y medio de esfuerzos de los racistas por encontrarla, no existe ninguna ciencia biológica que respalde la teoría del darwinismo social.

Estos nuevos “antisemitas”, como se llaman a sí mismos, se basaron en antiguos estereotipos para sostener que los judíos se comportaban de la forma en que lo hacían, y no cambiarían, debido a las características raciales innatas heredadas desde los albores del tiempo. Basándose también en la seudociencia de la eugenesia racial, sostenían que los judíos propagaron su supuesta nociva influencia para debilitar a las naciones de Europa central no sólo mediante métodos políticos, económicos y de los medios de comunicación, sino también “contaminando” literalmente la supuesta sangre aria pura a través de la endogamia y las relaciones sexuales con no judíos. Argumentaban que los judíos hacían esto deliberadamente para socavar la voluntad y la capacidad de los alemanes o franceses o húngaros de resistir un “impulso judío” biológicamente determinado para dominar el mundo.

Aunque los racistas laicos se basaban en simbolismos y estereotipos religiosos para definir el “comportamiento” judío hereditario, insistían en que los supuestos “rasgos” judíos se transferían de una generación a otra. Dado que los “judíos” no formaban un grupo religioso sino una “raza”, la conversión de una persona judía al cristianismo no cambiaba su “judaísmo” racial y por lo tanto era por naturaleza una conversión hipócrita.

A fines del siglo XIX en Alemania y Austria, los políticos aprovecharon el antisemitismo tradicional y racista para sumar votos a medida que se ampliaba el derecho electoral. En sus escritos políticos durante la década de 1920, Adolf Hitler nombró a los dos políticos austriacos que más influyeron su propio enfoque a la política: Georg von Schönerer (1842-1921) y Karl Lüger (1844-1910). Schönerer trajo el estilo y contenido antisemita racista a la política austriaca en las décadas de 1880 y 1890. Lüger fue elegido alcalde de Viena, Austria, en 1897, no sólo por su retórica antisemita, que para él fue principalmente un instrumento político, sino por sus habilidades oratorias y carisma populista que le permitieron comunicar su mensaje a sectores amplios de la población.

EL ANTISEMITISMO EN LA HISTORIA: PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Antes de la Primera Guerra Mundial, el antisemitismo racista se limitaba a la extrema derecha de la política por casi toda Europa y en los Estados Unidos. No obstante, entre las personas no judías persistían los estereotipos de los judíos y el “comportamiento” judío.

Tres tendencias que se desarrollaron durante e inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial trajeron antisemitismo, incluida su variante racista, a la corriente dominante de la política europea.

En primer lugar, para las naciones que perdieron la guerra, la atroz masacre en el campo de batalla, la primera experiencia de Europa con la muerte en masa provocada por el hombre, pareció ser un sacrificio en vano. Parecía inexplicable excepto por una insidiosa traición interna. Una leyenda de puñalada trapera atribuyó la derrota alemana y austriaca en la Primera Guerra Mundial a traidores internos que trabajaban en pos de intereses ajenos, principalmente judíos y comunistas. Esta leyenda fue ampliamente creída y deliberadamente diseminada por la dirigencia militar alemana derrotada, en busca de evitar consecuencias personales por sus políticas.

Al igual que otros estereotipos negativos sobre los judíos, la leyenda de la puñalada trapera era creída a pesar de ser absolutamente falsa: Los judíos alemanes habían servido a las fuerzas armadas alemanas con lealtad, coraje y desproporcionadamente con respecto a su porcentaje de la población.

En segundo lugar, la Revolución Bolchevique, el establecimiento de la Unión Soviética y los efímeros experimentos con la dictadura comunista en Bavaria y Hungría amedrentaban a la clase media de toda Europa e incluso cruzando el Atlántico en los Estados Unidos. La prominencia de algunos comunistas de ascendencia judía en los regímenes revolucionarios (León Trotsky en la Unión Soviética, Béla Kun en Hungría y Ernest Toller en Bavaria) confirmó a los antisemitas la atracción “natural” de los judíos y el comunismo internacional.

En tercer lugar, en Alemania, Austria y Hungría, el estigma, expresado en las cláusulas del sistema del Tratado de Versalles, de ser acusados de iniciar la guerra y de tener que cargar con el peso de pagar los daños a los vencedores, generó la ira y frustración general en todo el espectro político. La extrema derecha podría entonces explotar políticamente esta ira y frustración.

Entre los nuevos estereotipos acerca del “comportamiento” de los judíos que surgieron en los albores de la Primera Guerra Mundial y que se propagaron deliberadamente junto con antiguos prejuicios se incluían los siguientes mitos:

1) los judíos habían iniciado la guerra para llevar a Europa a la ruina económica y política y para hacerla susceptible al “control” judío.

2) los judíos explotaron la miseria de la guerra para enriquecerse y la prolongaron para dirigir la Revolución Bolchevique en pos de impulsar el objetivo de una revolución mundial.

3) Con su cobardía heredada y su deslealtad instintiva que los predisponía en contra de defender a la nación, los judíos fueron responsables del perjudicial malestar detrás del frente y apuñalaron a las tropas combatientes por la espalda (lo que causó la derrota militar y la revolución democrática/socialista).

4) Los judíos extranjeros dominaban las negociaciones de paz y lograron dividir a los alemanes y húngaros mediante fronteras nacionales artificiales, mientras sus co-conspiradores, los judíos nacionales, llevaron por mal camino a la nación a su “rendición” y permanente “esclavitud”.

5) Los judíos controlaban las complejas finanzas del sistema de reparaciones para su propio beneficio.

6) Al haber establecido la democracia constitucional, los judíos la utilizaron para debilitar la voluntad política de la nación de resistir su influencia y destruir la base de la sangre aria superior fomentando la endogamia, la libertad sexual y el mestizaje.

EL ANTISEMITISMO EN LA HISTORIA: ANTISEMITISMO NAZI

Dentro del contexto de la depresión económica de la década de 1930 y a través de simbolismos no sólo racistas sino también de antiguos simbolismos sociales, económicos y religiosos, el partido nazi ganó popularidad y, después de tomar el poder, legitimidad, en parte por presentar a los “judíos” como el origen de una variedad de problemas políticos, sociales, económicos y éticos que enfrentaba el pueblo alemán.

Inspirados por las teorías de lucha racial de Adolf Hitler y la “intención” de los judíos de sobrevivir y expandirse a costa de los alemanes, los nazis, como partido oficialista de 1933 a 1938, ordenó boicots contra los judíos, organizó quema de libros y promulgó leyes contra los judíos. En 1935, las Leyes de Nuremberg definieron a los judíos por raza y obligaron la separación total de los “arios” de los “no arios”. El 9 de noviembre de 1938, los nazis destruyeron sinagogas y las vidrieras de tiendas cuyos dueños eran judíos por toda Alemania y Austria (Kristallnacht). Estas medidas apuntaban a la segregación legal y social de los judíos de los alemanes y austriacos.

Kristallnacht, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939 y la invasión de la Unión Soviética en 1941 marcaron la transición a la era de la destrucción, en la cual el genocidio se convertiría en el objetivo primordial del antisemitismo nazi. Para justificar el asesinato de los judíos tanto ante los autores como ante los espectadores en Alemania y Europa, los nazis no sólo utilizaron argumentos racistas sino también argumentos derivados de estereotipos negativos antiguos, por ejemplo, que los judíos eran subversivos comunistas, especuladores y acaparadores de la guerra, y un peligro para la seguridad interna debido a su inherente deslealtad y oposición a Alemania.

Para complementar el tema, te aconsejo leer este documento: Holocausto.

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